Una bebida tradicional con más de 70 años que hoy se mantiene como símbolo de identidad guanajuatense.
Laura Villafaña
Irapuato, Gto. 20 de marzo del 2026.- Irapuato, reconocido como la capital mundial de la fresa, no solo destaca por este fruto emblemático, sino también por la cebadina, una bebida tradicional que ha refrescado a generaciones. Aunque el título como «ciudad fresera» no está en debate, sí lo está el origen de la bebida pues en León también la reclaman como suya.
De acuerdo con testimonios históricos, la cebadina surgió en la década de 1940 gracias a Ramón Arrieta, originario de Jalisco. Su hija, Victoria Eugenia Arrieta, relató que la bebida llegó a Irapuato a inicios de los años 50, cuando su padre abrió el primer local frente al atrio de la entonces Antigua Parroquia, hoy Catedral, junto a la Botica del Mercado.
Antes de establecerse en Irapuato, Arrieta comercializó la bebida en León, donde familiares continuaron con su venta. No obstante, fue en territorio fresero donde encontró las condiciones ideales, particularmente en la calidad del agua, para consolidar su elaboración. La familia registró la marca desde 1945, lo que refuerza su arraigo como producto guanajuatense.
Para Jesús Arévalo, vicepresidente de Guiatur, la cebadina pertenece a Irapuato, aunque reconoce el origen de la confusión. Explicó que la proliferación de expendios en León llevó a muchas personas a asociar la bebida con esa ciudad, mientras que en Irapuato disminuyó el número de puntos de venta. Además, destacó su relevancia histórica al considerarla una de las primeras sodas nativas de México, creada como alternativa a los refrescos de cola y a las marcas extranjeras.
También advirtió que la cebadina, como otros productos tradicionales, enfrenta el riesgo de perder identidad ante la globalización. Por ello, se promueve en recorridos turísticos para preservar su historia y fomentar su consumo.
En ese sentido, la directora de Turismo de Irapuato, Gisela González, señaló que el municipio mantiene cercanía con la familia Arrieta, quienes conservan la tradición en el centro histórico y añadió que la cebadina forma parte de las experiencias turísticas, donde se comparte su origen con visitantes.
“La gente conoce la historia y puede decidir cuál versión le gusta más, porque tanto la de Irapuato como la de León tienen características distintas”, explicó.
La funcionaria subrayó que la bebida también se incluye en catas de productos locales, con el objetivo de que trascienda entre generaciones.
La cebadina se elabora a base de fermento de piña, tamarindo y jamaica; al servirla, se le agrega bicarbonato, lo que le da su característica efervescente. Sus calidades, además de refrescar, se atribuyen a propiedades digestivas, diuréticas y desintoxicantes.
Actualmente, la tradición permanece viva a través de Héctor Arrieta, hijo del creador, quien continúa con su venta en el centro de Irapuato. Los principales expendios se ubican en la plaza Juan Álvarez y en la refresquería La Reyna, sobre la calle Ramón Corona.
Así, entre historia, tradición y debate, la cebadina se mantiene como un símbolo de identidad regional que, para muchos, tiene su corazón en Irapuato.
LSOG