Rescatan historia y significado de la tradicional Danza del Torito en Silao

Una rejolina en la Hacienda de Chichimequillas dio origen a una de las tradiciones más populares de Guanajuato.

J. Cruz Sánchez

Silao, Gto., a 22 de mayo de 2026-. Lo que comenzó como un incidente durante un festejo para agradecer el buen temporal en la Hacienda de Chichimequillas, se convirtió primero en una parodia y, con el paso de los años, en una de las máximas expresiones culturales y populares de Silao y la región: la Danza del Torito, surgida hace más de 190 años.

Esta danza ha sido objeto de diversas investigaciones, entre ellas la del historiador José Luis Zúñiga Alfaro, autor del libro “La Danza del Torito, historia y significado”. La historia de esta tradición en la comunidad de Chichimequillas se ha transmitido de generación en generación y uno de sus principales guardianes e impulsores es Fabio Caudillo Valadez.

Fabio Caudillo señaló que esta parodia se cuenta desde tiempos de los bisabuelos y más atrás, hasta convertirse en una tradición no solo de Silao, sino prácticamente de todo el estado, incluso con presencia en otros países como Estados Unidos y China.

Según relatan los abuelos, entre 1827 y 1830, durante los meses de septiembre y octubre, los dueños de la Hacienda organizaban una fiesta junto con los mozos o peones para agradecer el buen temporal. En pleno convite y en medio de la celebración, un toro embravecido escapó de los corrales.

Entonces salió el dueño de la hacienda, el hacendado —representado por “el caballito”—, quien ya entrado en copas decidió enfrentar al toro montando su caballo. Con la mano izquierda sostenía la rienda y con la derecha floreaba la reata para intentar lazarlo, aunque sin éxito. Al ver las dificultades de su patrón, el caporal de la hacienda —“la mulita”— intervino para tratar de regresarlo al corral antes de que ocurriera una tragedia.

Sin embargo, el caporal, quien representaba a los mozos de la hacienda, tampoco logró controlarlo pese a realizar diversas suertes charras. Entonces intervino la hija del hacendado, conocida presuntamente como Marieta o Maringuía, quien intentó distraer al toro y atraerlo hacia los corrales contoneándose con una pañoleta roja en la mano.

Fabio Caudillo comentó que probablemente no se trataba de un toro grande, sino quizá de una vaquilla, al grado de que la hija del hacendado también intervino para tratar de calmarlo, aunque aclaró que eso solo es una suposición.

Al no poder controlarlo, apareció otro personaje: “la borracha”, la criada o sirvienta de tez morena encargada de servir los aperitivos y la bebida, quien entre servir comida y tomar alcohol terminó pasada de copas.

Ya al calor de los tragos y al ver a la hija del hacendado intentando controlar a la bestia, entró al quite con una botella de mezcal o aguardiente en mano y trató de atraer al toro ofreciéndole tragos, aunque lejos de calmarlo, lo embraveció aún más y continuó la rejolina.

Tratando de quedar bien con su patrón, también apareció “el moco” o “jorobante”, un personaje vestido con traje y bombín, bastón y pañuelo en mano, conocido porque siempre andaba limpiándose la nariz y que presuntamente era el esposo de la borracha.

Con su figura encorvada y tratando de esquivar las embestidas, el jorobante también fue atacado por el toro, al que el licor desató todavía más su furia, provocando que se internara entre las mesas de la fiesta y causara múltiples destrozos.

Entre la gente se encontraba un viejito, del que existen varias versiones: algunos aseguran que era el sacristán de la capilla de la Hacienda. A este personaje se le conoce como “El Ermitaño”, “El Abuelito” o “El Viejo Sabio”, quien con rosario en mano y apoyándose en su bastón logró finalmente calmar al toro.

Se cuenta que al día siguiente, o días después del susto, los mozos recordaron el incidente con gracia y comenzaron a parodiar al patrón y a las personas que participaron en la rejolina tratando de controlar al toro y regresarlo a los corrales.

Comentaban que no era posible que el patrón intentara calmar al toro, cuando esa labor correspondía al capataz o a los peones; sin embargo, al estar borracho se entiende que se haya envalentonado y enfrentado al animal, al igual que su hija Maringuía y el resto de los personajes.

De ese hecho real y de la sátira surgió la idea de crear una especie de danza para parodiarlos, acompañados de música de flauta de carrizo y tambor, cuyos distintos sonidos marcaban la participación de cada personaje.

Dentro de esa creación también integraron a dos personajes más: el diablo y la muerte.

Se decía que el diablo había poseído al toro embravecido y, como colofón de la danza, aparecía la muerte como la gran vencedora de la vida.

Así, de un hecho real nació esta danza, a la que con el tiempo se sumaron infinidad de personajes como “los charros”, “la abuelita”, “el cojito” y “la diabla”. Incluso, actualmente algunos personajes como los charros utilizan máscaras de los “huehues” de Puebla.

Caudillo Valadez comentó que otro personaje surgió recientemente también en Chichimequillas. Explicó que los personajes de los charros provenían de una danza de Lagos de Moreno y que, en una ocasión, un niño lloraba porque quería participar en la Danza del Torito de Chichimequillas. Como ya estaban completos los personajes, los charros de Lagos lo invitaron a bailar con ellos, le prestaron un sombrero y lentes, dando origen así a los charros en los toritos de Silao.

Recordó que en Chichimequillas uno de los toritos más antiguos fue el encabezado por el “Güero” Ignacio Romero, quien nació aproximadamente en 1901. Sobre él existe una anécdota muy conocida, pues aunque fungía como guardia rural, no le daba pena interpretar personajes femeninos y siempre llevaba su pistola a la cintura. Durante años fue tema de conversación que un día llegaron sus compañeros y lo encontraron bailando vestido de mujer y armado.

También existieron otros toritos en los que participaron su hijo José Romero, quien tocaba el tambor acompañado de Agustín Méndez y don Francisco Castillo, entre muchos otros. Actualmente, el propio Fabio Caudillo dirige dos grupos de danza: uno infantil y otro juvenil, además del torito “Espectro”, utilizado en festividades de Día de Muertos.

Lamentó que actualmente esta danza se haya distorsionado, sobre todo en los personajes femeninos, pues ya no respetan la vestimenta original: un vestido de catrina para la Maringuía y un vestido campirano para la Borracha.

Reconoció que uno de los grandes impulsores de la danza original ha sido Margarito Quiroz, conocido como “La Cacahuata”, además del Torito Montes y “Los Timoteos”, entre otros.

Cabe mencionar que actualmente la Danza del Torito es una de las más populares en todo Guanajuato. Incluso, el Congreso del Estado atendió el exhorto del diputado Ernesto Millán para declararla Patrimonio Intangible del Estado de Guanajuato, declaratoria que únicamente falta que haga efectiva la gobernadora.

También vale recordar que varios municipios se disputan el origen de esta danza; sin embargo, la danza es una expresión universal y la Danza del Torito seguirá perteneciendo a todos por muchas generaciones, porque como dice el dicho popular en las fiestas patronales: “sin torito, no hay fiesta”.

LSOG