La meta de ambas es clara: trabajar día a día para que Ale pueda volver a realizar muchas de las actividades que formaban parte de su vida, incluyendo el deporte que tanto ama.
Rafael Cruz
Cortazar, Gto., a 16 de junio de 2026. – Lo que para Ale Cervantes era una de sus mayores pasiones terminó convirtiéndose en el inicio de la prueba más difícil que ha enfrentado en sus 38 años de vida. Madre de dos hijos, amante del deporte, corredora y ciclista por convicción, Ale encontraba en la actividad física una forma de vida. Acostumbrada a desafiar sus propios límites, disfrutaba recorrer caminos, entrenar y mantenerse en constante movimiento. Sin embargo, el pasado 24 de mayo todo cambió en cuestión de segundos.
Su hermana, Berenice Torres, relató que ese día Ale descendía del cerro de El Culiacán cuando sufrió una caída de aproximadamente cuatro metros de altura. El impacto fue devastador.
«Lo primero que dijo fue que no sentía las piernas», recordó.
La emergencia movilizó rápidamente a familiares y cuerpos de auxilio. Inicialmente fue trasladada a un hospital en Cortazar, donde los estudios médicos revelaron una fractura de columna. El diagnóstico fue contundente y preocupante. Además, el hospital no contaba con el equipo especializado necesario para realizar la intervención quirúrgica que requería, cuyo costo rondaba los 500 mil pesos.
Ante la gravedad de la situación, la familia decidió trasladarla a Celaya en busca de alternativas. Sin embargo, el panorama seguía siendo incierto. Fue entonces cuando, gracias a la solidaridad de personas que conocieron el caso a través de redes sociales y comentarios en publicaciones, surgió una recomendación que cambiaría el rumbo de la historia: un especialista en Querétaro.
Sin perder tiempo, Ale fue trasladada a aquella ciudad, donde finalmente pudo ser intervenida quirúrgicamente.
Hoy, semanas después del accidente, la realidad es compleja. La joven madre no tiene movilidad de la cintura hacia abajo. Aun así, ni ella ni su familia han perdido la esperanza.
Berenice reconoce que el proceso de recuperación será largo y lleno de desafíos, pero mantiene la fe en que su hermana pueda recuperar al menos la sensibilidad en sus extremidades.
«Tenemos esperanza. Sabemos que será un camino difícil, pero vamos a luchar el tiempo que sea necesario», expresó.
La meta de ambas es clara: trabajar día a día para que Ale pueda volver a realizar muchas de las actividades que formaban parte de su vida, incluyendo el deporte que tanto ama.
Mientras enfrentan esta nueva realidad, la familia también libra otra batalla: la económica. Los gastos médicos derivados de la cirugía y el proceso de rehabilitación representan una carga considerable, por lo que actualmente realizan rifas y diversas actividades para recaudar fondos.
Quienes deseen brindar algún apoyo pueden ponerse en contacto con Berenice Torres a través de su perfil de Facebook.
La historia de Ale es hoy la de una mujer que pasó de recorrer senderos y conquistar montañas a enfrentar una lucha mucho más compleja: la de recuperar poco a poco aquello que una caída le arrebató en segundos. Pero también es la historia de una familia que se niega a rendirse y que ha encontrado en la solidaridad de otras personas una razón más para seguir creyendo que los milagros también se construyen paso a paso.
AECM