El guardabosques explicó que, con el paso de los años, ha recibido capacitación especializada para actuar ante diversas contingencias, desde la atención a visitantes hasta el combate y control inicial de incendios forestales, considerados uno de los principales riesgos para el ecosistema.
“Cada año se aprende algo nuevo. Nos capacitamos para saber cómo responder cuando ocurre una emergencia y estar preparados para proteger tanto a las personas como al entorno natural”, comentó.
Méndez Hernández adelantó que en próximas fechas recibirán apoyo de las autoridades municipales de Cortazar, mediante la entrega de equipo que permitirá mejorar las labores de vigilancia y atención de emergencias dentro del cerro.
Explicó que este respaldo facilitará un desplazamiento más rápido por las diferentes zonas del Área Natural Protegida y permitirá contar con herramientas para enfrentar diversas situaciones, principalmente incendios forestales que, en muchas ocasiones, se originan por el descuido de algunos visitantes.
Señaló que una simple fogata mal apagada, una colilla de cigarro o incluso el abandono de botellas de vidrio pueden provocar un incendio capaz de afectar cientos de hectáreas de vegetación y poner en riesgo la fauna silvestre que habita en el lugar.
El Cerro del Culiacán forma parte del Área Natural Protegida “Cerros del Culiacán y La Gavia”, la cual se extiende entre los municipios de Cortazar, Jaral del Progreso, Salvatierra y Celaya, por lo que las autoridades de estas demarcaciones comparten la responsabilidad de preservar este importante pulmón ecológico del estado.
Además de su valor paisajístico y cultural, el cerro desempeña un papel fundamental en la captación de agua para los acuíferos de la región y alberga una importante riqueza biológica.
De acuerdo con estudios realizados por el entonces Instituto de Ecología del Estado y la Secretaría del Agua y Medio Ambiente, en esta Área Natural Protegida se han documentado más de 200 especies de fauna, entre ellas 46 especies de mamíferos, 107 de aves, 21 reptiles, 10 anfibios y más de 160 especies de artrópodos. Además, cuenta con una flora superior a las 247 especies, cifra que continúa incrementándose conforme avanzan los inventarios biológicos.
Entre las especies registradas destacan mamíferos como el venado cola blanca, gato montés y cacomixtle; aves rapaces como el gavilán de Cooper, así como diversas especies de carpinteros y aves canoras. En cuanto a reptiles y anfibios, también se encuentran serpientes, lagartijas y salamandras propias de los ecosistemas de la región.
La vegetación incluye bosques de encino, selva baja caducifolia y matorral xerófilo, donde prosperan especies como garambullo, pitayo, xoconostle, biznagas, ahuehuetes, además de distintas variedades de encinos y árboles nativos como el palo prieto y el nogal cimarrón.
Para Ignacio Méndez Hernández, cada jornada representa una nueva oportunidad para conservar este espacio natural, cuya protección depende no solo del trabajo de los guardabosques y las autoridades, sino también de la responsabilidad de quienes lo visitan.
“El Cerro del Culiacán es de todos. Cuidarlo significa proteger la flora, la fauna y el patrimonio natural que heredaremos a las próximas generaciones”, concluyó.