Habitantes advierten que retirar piedras de las estructuras podría afectar el contexto arqueológico y dificultar conocer su antigüedad, función y origen.
Rafael Cruz.
Jaral del Progreso, Gto., a 12 de agosto 2026.- El Cerro de El Culiacán no solamente representa uno de los referentes naturales más importantes del Bajío; en sus laderas también sobreviven vestigios que podrían aportar información sobre el pasado prehispánico de la región. Sin embargo, estas estructuras enfrentan actualmente el deterioro y la extracción de piedras por parte de personas que recorren la montaña.
Entre los vestigios identificados por habitantes y conocedores de la zona se encuentran estructuras denominadas localmente como yácatas, término utilizado para referirse a determinados basamentos monumentales de la arquitectura prehispánica, particularmente asociados con la tradición purépecha. En sitios como Tzintzuntzan, Michoacán, las yácatas formaron parte de espacios ceremoniales y fueron construidas con piedra y otros materiales.
No obstante, atribuir las estructuras del Cerro de Culiacán a una cultura específica requeriría estudios arqueológicos formales. Hasta ahora persisten interrogantes sobre cuántos vestigios existen, cuál era su función, qué antigüedad tienen y qué grupos humanos los construyeron o utilizaron.
El problema es que mientras estas preguntas permanecen sin respuesta, las estructuras continúan expuestas. Algunas de las piedras que las conformaban han sido retiradas por visitantes, alterando su composición y, con ello, parte de la información que podrían proporcionar a los especialistas.
El deterioro ya ha sido señalado ante las autoridades correspondientes; sin embargo, hasta el momento no se ha observado una intervención suficiente para garantizar la protección de estos vestigios.
Cada piedra fuera de su lugar representa algo más que una pérdida material. En arqueología, el contexto permite comprender cómo fue construida una estructura, cómo se utilizó y qué relación tenía con el espacio que la rodeaba.
El Cerro de Culiacán también forma parte de las distintas hipótesis relacionadas con la ubicación de Aztlán, uno de los grandes enigmas de la historia prehispánica. El INAH ha documentado diversas interpretaciones al respecto, aunque su identificación continúa siendo materia de debate.
Por ello, más que alimentar nuevas leyendas, el cerro requiere investigación, registro y conservación. Antes de que los vestigios desaparezcan piedra por piedra, resulta necesario determinar qué representan y qué historia pueden contar sobre las antiguas sociedades que habitaron el territorio guanajuatense.
ALMR.