Recuerdan en León los 100 años de la Guerra Cristera y sus episodios de violencia

El conflicto religioso marcó a Guanajuato con persecuciones, ejecuciones y culto clandestino.

Leonel Araiza

León, Gto., a 15 de mayo de 2026-. En 2026 se cumplen 100 años de la Guerra Cristera, un movimiento armado que se extendió de 1926 a 1929 y que se registró principalmente en la zona centro de México, especialmente en Guanajuato y Jalisco. La lucha armada popular surgió como consecuencia de la llamada Ley Calles.

El director del Archivo Histórico Municipal de León, Rodolfo Herrera Pérez, señaló que la Guerra Cristera representa un recordatorio de cómo la fe y la política chocan en momentos complicados. Antes del conflicto religioso, en junio de 1926, León sufrió la peor inundación de su historia y estuvo cerca de desaparecer bajo el agua. Cientos de casas quedaron destruidas; al menos 5 mil 600 personas resultaron damnificadas, mientras cientos murieron y otras desaparecieron.

Tras la promulgación de la ley y en medio de la destrucción de León, la población impulsó un boicot contra el gobierno, pese al apoyo del Gobierno Federal y de otros estados para auxiliar a los sobrevivientes e iniciar la reconstrucción. La ciudadanía dejó de comprar productos oficiales, evitó adquirir gasolina e incluso provocó la quiebra de una empresa nacional tabacalera.

Como respuesta, los obispos del país ordenaron cerrar las puertas de los templos en un periodo conocido como la suspensión de cultos. Las misas dejaron de celebrarse y gran parte de los sacerdotes de la región salió del país. Algunos permanecieron ocultos y oficiaron en secreto misas, bautizos y comuniones.

“¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!” se convirtió en el grito de guerra de miles de campesinos que cambiaron el arado por el fusil. No formaban un ejército profesional, pero mantenían una fuerte convicción. En León y sus alrededores, la resistencia resultó feroz.

La Guerra Cristera también dejó una guerra de guerrillas, misas clandestinas en sótanos y operativos de las Brigadas Femeninas Santa Juana de Arco, una organización secreta de mujeres católicas que transportaba municiones y mensajes ocultos para desafiar la vigilancia militar. Además, realizaban labores de espionaje y proveían alimentos y hospedaje.

En León destacan episodios como el ocurrido el 2 de enero de 1927, cuando el Ejército asesinó a seis jóvenes, actualmente conocidos como Los Mártires del Coecillo o de La Brisa. Posteriormente, las autoridades exhibieron sus cuerpos en la plaza principal como escarmiento.

En abril de 1927, el descarrilamiento de un tren sirvió como pretexto para ejecutar al padre Andrés Solá, de origen español, y al padre Nicolás Rangel.

También arrestaron y ejecutaron a Florentino Álvarez, presidente de la Confederación Diocesana del Trabajo. Asimismo, Viviano Martínez murió mientras protegía el dinero del templo de San Miguel.

El investigador Luis Ernesto Camarillo Ramírez, subdirector del Archivo de Concentración del Poder Judicial, indicó que el conflicto dejó múltiples episodios de violencia, incluido el uso de gas contra la población civil.

La Guerra Cristera concluyó en junio de 1929, casi tres años después, tras un acuerdo entre autoridades eclesiásticas y líderes del gobierno mexicano.

Camarillo Ramírez señaló que el factor internacional resultó clave para alcanzar un acuerdo.

Incluso el obispo Emeterio Valverde y Téllez regresó a León en la más absoluta discreción, indicó Rodolfo Herrera Pérez, director del Archivo Histórico Municipal de León.

Tras la Guerra Cristera, nuevamente impulsaron al Cerro del Cubilete como lugar de peregrinación. Aunque ya existían proyectos previos, el movimiento armado los había frenado.

Samuel Nicolás Gasca, historiador, recordó que el actual monumento a Cristo Rey tuvo como antecedente otros cuatro y que su historia se relaciona directamente con los mártires cristeros. Incluso, las fuerzas federales dinamitaron el primer monumento en 1928 con el objetivo de silenciar y terminar con el culto.

Nicolás Gasca recordó que el obispo Emeterio Valverde y Téllez fue el principal impulsor del monumento.

Con el regreso de la paz, resurgió la idea de consolidar un monumento a Cristo Rey, el cual también mantiene vigencia como recordatorio de la Guerra Cristera y del grito de “¡Viva Cristo Rey!”.

LSOG